Siluetas familiares alrededor de un árbol con raíces que representan los vínculos y la historia familiar.

A veces sentimos curiosidad por las constelaciones, pero no sabemos si aquello que nos ocurre puede trabajarse de esta manera.

Quizá reconocemos que una situación se repite, que una relación nos genera un malestar difícil de explicar o que llevamos tiempo intentando resolver algo sin encontrar una salida. Sin embargo, cuando pensamos en constelar, aparece la duda:

«¿Qué tendría que llevar a una constelación?»

No es necesario conocer toda la historia familiar ni llegar con una pregunta perfectamente formulada. Podemos partir de algo mucho más sencillo:

«Esto me está ocurriendo y no comprendo por qué sigo reaccionando de esta manera».

A partir de ahí, la constelación nos permite representar la situación, observar cómo está organizada nuestra experiencia y reconocer qué lugar estamos ocupando dentro de ella.

Cuando una situación se repite

Uno de los motivos más frecuentes para realizar una constelación es la sensación de estar viviendo una y otra vez algo parecido.

Cambian las personas o las circunstancias, pero el resultado parece ser el mismo.

Tal vez siempre terminamos cuidando a los demás. Elegimos parejas emocionalmente poco disponibles. Nos cuesta confiar. Nos alejamos cuando alguien se acerca demasiado. Sentimos que debemos esforzarnos para ser elegidos o permanecemos en relaciones en las que dejamos de escucharnos.

Estas repeticiones no significan que exista un destino del que no podamos salir. Pueden mostrarnos una posición que aprendimos a ocupar, una manera de protegernos o una expectativa que llevamos a nuestros vínculos actuales.

Al representar la situación podemos empezar a diferenciar qué pertenece al presente y qué forma parte de nuestra historia.

Las relaciones de pareja

Podemos constelar una dificultad concreta dentro de la pareja: la distancia emocional, el miedo al compromiso, la necesidad de controlar, la dificultad para poner límites o la sensación de no ser vistos.

También podemos explorar los celos.

Antes de considerarlos un problema individual, necesitamos observar qué está ocurriendo realmente en la relación. A veces los celos aparecen ante un engaño, una falta de claridad o un acuerdo que no se está respetando. Otras veces se activan aunque no exista una amenaza concreta.

El cuerpo entra en alerta. Aparece presión en el pecho, un nudo en el estómago, pensamientos repetitivos o el impulso de preguntar, comprobar o vigilar.

En una constelación podemos representar a la persona, a su pareja, aquello que vive como una amenaza y la parte que teme perder el vínculo.

No buscamos que deje de sentir celos inmediatamente. Exploramos qué miedo contienen, qué necesita expresar y cómo puede recuperar su lugar sin convertir al otro en una garantía.

Comprender el origen de los celos tampoco justifica las conductas de control. Podemos reconocer el miedo y, al mismo tiempo, responsabilizarnos de cómo actuamos con él.

Los vínculos familiares

También podemos trabajar una dificultad con nuestros padres, hijos, hermanos u otros miembros de la familia.

A veces existe un conflicto evidente. Otras veces aparece una sensación más difícil de nombrar: obligación, deuda, enfado, distancia, necesidad de aprobación o dificultad para construir una vida propia.

Quizá sentimos que debemos cuidar a nuestra madre, proteger a nuestro padre, mediar entre nuestros hermanos o sostener emocionalmente a nuestros hijos.

Estas posiciones no siempre son conscientes. Podemos haberlas ocupado por amor, por necesidad o porque en algún momento fueron nuestra manera de sentir que pertenecíamos.

La constelación puede ayudarnos a distinguir entre amar a nuestra familia y hacernos responsables de aquello que no nos corresponde.

Límites, culpa y diferenciación

Hay personas que saben qué límite necesitan, pero cuando intentan ponerlo aparece una culpa intensa.

El cuerpo se tensa, la respiración se acorta y surge el miedo a decepcionar, provocar un conflicto o dejar de ser queridas.

Entonces el problema no consiste únicamente en aprender a decir «no». También necesitamos comprender qué significa internamente ese «no».

Puede sentirse como una separación, una traición o una amenaza para el vínculo.

En una constelación podemos representar a la persona, aquello que necesita proteger y la relación que teme perder. Al observarlo fuera, puede empezar a diferenciarse algo importante:

Poner un límite no siempre significa dejar de amar.

A veces es la manera de continuar en una relación sin dejar de estar con nosotros mismos.

Duelos, separaciones y decisiones

También podemos constelar una pérdida: la muerte de alguien importante, una separación, una relación que terminó sin poder despedirnos o una etapa de la vida que necesita cerrarse.

No se trata de borrar el dolor ni de acelerar el duelo. Podemos reconocer lo ocurrido, dar un lugar a aquello que hemos perdido y observar qué parte de nosotros continúa detenida allí.

A veces avanzar no significa olvidar, sino poder llevar con nosotros lo vivido sin permanecer completamente atrapados en ello.

En otras ocasiones, la dificultad aparece ante una decisión.

Una parte quiere quedarse y otra desea marcharse. Una necesita descansar y otra continúa exigiendo. Una busca cercanía y otra teme perder su libertad.

Podemos representar esas partes y observar qué intenta proteger cada una. La constelación no decide por nosotros, pero puede ayudarnos a mirar la situación con mayor amplitud.

El cuerpo también participa

En una constelación no trabajamos únicamente con aquello que sabemos o podemos explicar.

El cuerpo también ofrece información.

Al ocupar un lugar podemos notar tensión, alivio, necesidad de acercarnos, impulso de alejarnos, dificultad para mirar o una respiración que cambia.

Estas sensaciones no establecen una verdad absoluta sobre nuestra historia. Forman parte de la experiencia presente y pueden orientarnos hacia aquello que necesita ser mirado con más atención.

A veces comprendemos intelectualmente que no tenemos que hacernos responsables de todo, pero nuestro cuerpo continúa en alerta cuando intentamos dejar de hacerlo.

La experiencia vivencial puede permitirnos ensayar otro movimiento: mantener un límite, dejar una responsabilidad, acercarnos sin perdernos o alejarnos sin sentir que abandonamos al otro.

Lo que una constelación no hace

Una constelación no sirve para adivinar el futuro, reconstruir con certeza lo que ocurrió en una familia ni descubrir quién tiene la culpa.

Tampoco garantiza que una relación continúe, que otra persona cambie o que una dificultad desaparezca.

Puede ofrecernos una imagen desde la que observar nuestra experiencia, reconocer cómo nos relacionamos con los diferentes elementos y permitir que aparezca una posición que antes no podíamos imaginar.

Por eso no necesitamos empezar por toda nuestra historia familiar.

Podemos comenzar por aquello que hoy nos preocupa:

  • Una relación.
  • Una repetición.
  • Un límite.
  • Una pérdida.
  • Una decisión.
  • O la sensación de estar ocupando un lugar que ya no queremos seguir sosteniendo.

Quizá la pregunta no sea solamente:

«¿Qué puedo constelar?»

Sino:

«¿Qué situación de mi vida necesita ser mirada desde otro lugar?»

Si deseas explorar una dinámica relacional, familiar o personal, podemos valorar conjuntamente si el trabajo con constelaciones puede ayudarte a comprender lo que está ocurriendo y a encontrar una posición diferente.

Realizo acompañamiento presencial en Castellar del Vallès, en Viasanna; en Sabadell, en Centre Vitae; y en Granollers, en EspaiPerTu. También puedes solicitar una primera entrevista informativa gratuita para conocerme y valorar si mi manera de trabajar encaja contigo.

Anna Samsó

Terapeuta humanista

Acompaño procesos desde la terapia Gestalt, la mirada sistémica y el trabajo con trauma, con una presencia cercana, respetuosa y comprometida.

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