No llegamos al mundo sabiendo quiénes somos.

Nuestra forma de relacionarnos, de confiar, de expresar las emociones o de afrontar los conflictos no aparece de manera espontánea. Se va construyendo poco a poco dentro del primer sistema de relaciones al que pertenecemos: nuestra familia.

Es allí donde vivimos nuestras primeras experiencias de vínculo y donde empezamos, sin darnos cuenta, a aprender cómo funciona el mundo.

Aprendemos mucho antes de poder comprender

Durante los primeros años de vida no analizamos lo que ocurre a nuestro alrededor.

Simplemente lo vivimos.

Aprendemos a través de las miradas, de la presencia, del contacto, del tono de voz, de los silencios y de la forma en que las personas importantes para nosotros responden a nuestras necesidades.

También aprendemos observando cómo se relacionan los adultos que nos cuidan, cómo resuelven los conflictos, cómo expresan el afecto o cómo afrontan las dificultades.

Nuestra primera escuela de las relaciones es la familia.

Lo que aprendemos nos acompaña

Con el tiempo, muchas de esas experiencias se convierten en una forma automática de relacionarnos.

Sin darnos cuenta, podemos creer que debemos agradar para ser queridos, evitar el conflicto para sentirnos seguros o cuidar constantemente de los demás para mantener el vínculo.

No porque esas formas sean parte de nuestra personalidad, sino porque en algún momento fueron la mejor manera que encontramos para adaptarnos al entorno en el que crecimos.

Nuestra infancia no determina quién seremos, pero sí influye profundamente en cómo aprendemos a vivir y a relacionarnos.

Una mirada más amplia

Hoy sabemos mucho más sobre cómo las primeras relaciones influyen en nuestro desarrollo. La teoría del apego nos ayuda a comprender por qué el vínculo con las personas que nos cuidaron durante los primeros años de vida tiene un impacto tan importante en la forma en que aprendemos a sentirnos seguros, a confiar en los demás y a relacionarnos con el mundo.

La Gestalt nos invita a tomar conciencia de cómo vivimos nuestras experiencias en el presente.

La mirada sistémica amplía esa comprensión recordándonos que formamos parte de un sistema familiar que también influye en nuestra manera de estar en el mundo.

No somos únicamente el resultado de nuestra historia, pero tampoco podemos comprendernos sin conocerla.

Las constelaciones familiares también han contribuido a comprender cómo el sentimiento de pertenencia, las lealtades y el lugar que ocupamos dentro de la familia pueden seguir influyendo en nuestra vida adulta, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes de ello.

Comprender nuestra historia no significa buscar culpables.

Significa comprender el contexto en el que nos fuimos construyendo.

Reflexión final

Todos venimos de una familia.

Cada una tiene su historia, sus fortalezas, sus dificultades y su propia manera de relacionarse.

Comprender cómo nos construimos dentro de ese entorno no significa quedarnos atrapados en el pasado.

Significa entender desde dónde partimos para poder elegir, con mayor libertad, cómo queremos relacionarnos hoy.

Porque conocer nuestra historia no cambia lo que vivimos, pero puede transformar la forma en que nos relacionamos con ello.

Si este artículo ha resonado contigo…

Si al leer estas líneas has sentido que alguna parte de tu historia familiar sigue teniendo un peso importante en tu vida, quizás sea un buen momento para mirarla con curiosidad, respeto y sin juicio.

Comprender el lugar del que venimos puede ser el primer paso para construir relaciones más libres, más conscientes y más auténticas.

Si sientes que ha llegado el momento de comprender mejor tu historia y la forma en que influye en tu vida y en tus relaciones, estaré encantada de acompañarte.

Realizo acompañamiento terapéutico presencial en Castellar del Vallès, Sabadell y Granollers, además de sesiones online.

Una pregunta para ti

Cada historia es única, pero todas comienzan en relación con otras personas. Comprender ese comienzo puede ayudarnos a vivir el presente con mayor libertad.

¿Qué aprendiste sobre el amor, el cuidado y las relaciones en el entorno familiar donde creciste que todavía hoy sigue presente en tu vida?

Anna Samsó

Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.

Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

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