Ilustración sobre las constelaciones familiares y los patrones que influyen en nuestras relaciones.

Cuando iniciamos una relación, no llegamos solos al encuentro.

Llegamos con nuestra historia, con la forma en que aprendimos a vincularnos y con aquello que observamos en nuestra familia. También con nuestras experiencias de amor, ausencia, cuidado, conflicto, pérdida y pertenencia.

A veces creemos que estamos reaccionando únicamente ante la persona que tenemos delante. Sin embargo, determinadas situaciones pueden despertar algo que viene de más lejos.

Una distancia puede sentirse como abandono. Un desacuerdo, como una amenaza para el vínculo. La necesidad del otro puede llevarnos a hacernos responsables de su bienestar. Poner un límite puede despertar una culpa difícil de explicar.

La relación actual es real, pero aquello que se activa en nosotros no siempre pertenece únicamente al presente.

Cuando una dinámica se repite

Hay personas que se encuentran cuidando constantemente a sus parejas. Otras sienten que nunca son suficientemente importantes para el otro. Algunas se adaptan para evitar el conflicto y otras se protegen alejándose cuando la relación se vuelve demasiado íntima.

A veces cambian las personas, pero la sensación permanece:

«Siempre termino ocupando el mismo lugar».

«Siento que tengo que sostener al otro».

«Me cuesta confiar aunque no haya ocurrido nada».

«Cuando alguien se acerca demasiado, necesito alejarme».

Estas repeticiones no significan que exista un destino del que no podamos salir. Pueden señalar una manera de protegernos, una experiencia relacional anterior o un lugar que aprendimos a ocupar dentro de nuestra familia.

Reconocerlo puede ayudarnos a diferenciar lo que está sucediendo ahora de aquello que nuestra historia nos lleva a esperar.

¿Qué puede mostrar una constelación?

Una constelación ofrece una representación externa de una experiencia interna o relacional.

Podemos explorar una relación de pareja, un conflicto familiar, una dificultad para poner límites o la sensación de estar atrapados en una posición que se repite.

Al colocar representantes, figuras, papeles o elementos en el espacio, aquello que estaba mezclado dentro de nosotros puede empezar a verse con mayor claridad.

¿Hacia quién estoy mirando?

¿De quién me siento responsable?

¿A quién intento proteger?

¿Estoy ocupando un lugar que no me corresponde?

¿Puedo acercarme al otro sin perderme?

¿Puedo alejarme sin sentir que lo abandono?

La constelación no pretende ofrecer una verdad absoluta sobre una familia ni adivinar qué ocurrió. Tampoco busca culpables. Es una forma de explorar cómo está organizada nuestra experiencia y qué movimientos aparecen cuando podemos observarla desde otro lugar.

El cuerpo también participa

En una constelación no trabajamos únicamente con aquello que sabemos o podemos explicar.

El cuerpo también ofrece información.

Al ocupar un lugar podemos notar tensión, alivio, impulso de acercarnos, necesidad de alejarnos, dificultad para mirar, peso en el pecho o una respiración que se amplía.

Estas sensaciones no necesitan interpretarse inmediatamente. Podemos permanecer un momento con ellas y observar qué nos muestran.

A veces una persona comprende intelectualmente que no tiene que hacerse cargo de todo, pero su cuerpo continúa en alerta cuando intenta dejar de hacerlo. En ese caso, no basta con repetirse que debe poner límites.

Necesita experimentar que puede ocupar otro lugar sin perder el vínculo.

La constelación permite acercarnos a esa experiencia de una forma vivencial. El cambio no ocurre solamente porque entendemos algo, sino porque empezamos a sentir que otra posición también es posible.

Lo que aprendimos sobre el amor

Nuestra familia es el primer espacio en el que aprendemos qué significa pertenecer.

Quizá aprendimos que amar era cuidar, callar, sacrificarse, ser fuerte o no causar problemas. Tal vez sentimos que debíamos estar pendientes del estado emocional de los demás o que necesitábamos renunciar a una parte de nosotros para conservar el vínculo.

Estas respuestas pudieron ayudarnos en otro momento de nuestra vida. El problema aparece cuando seguimos utilizándolas en relaciones actuales que ya no requieren la misma protección.

Podemos esperar que nuestra pareja repare una ausencia anterior, nos ofrezca la seguridad que no tuvimos o confirme continuamente que seguimos siendo importantes.

También podemos situarnos frente al otro como cuidadores, salvadores, jueces o hijos, en lugar de encontrarnos como dos personas adultas.

Una constelación puede ayudarnos a observar desde qué lugar estamos construyendo la relación.

Partir de la persona

Cuando acompaño una constelación, no parto de una explicación previa sobre lo que sucede en el sistema familiar.

Parto de la persona, de su dificultad actual y de aquello que aparece en la experiencia.

No siempre es necesario representar a toda la familia. A veces basta con colocar a la persona y a su pareja. En otras ocasiones puede ser más significativo explorar dos partes internas: la parte que desea acercarse y la que necesita protegerse, la que quiere continuar y la que quiere marcharse, la que cuida a los demás y la que está agotada de hacerlo.

Desde ahí podemos observar qué necesita cada parte y qué historia puede estar sosteniendo esa tensión.

Si durante el proceso aparece una relación familiar importante, podremos incluirla. Pero no necesitamos abrir todo el sistema para que algo empiece a ordenarse.

A veces un movimiento pequeño es suficiente: mirar aquello que evitábamos, reconocer un límite, dejar una responsabilidad que no nos corresponde o recuperar un lugar propio.

Constelaciones grupales e individuales

Las constelaciones pueden realizarse en grupo o en sesión individual.

En un grupo, otras personas pueden participar como representantes. No necesitan conocer previamente la historia. Su función no es interpretar, sino ponerse al servicio de la representación y expresar con sencillez aquello que perciben.

En el trabajo individual podemos utilizar figuras, fieltros, objetos o diferentes posiciones en el espacio. La propia persona puede desplazarse entre ellas y observar cómo cambia su experiencia corporal y emocional.

El formato es diferente, pero la intención es la misma: hacer visible una dinámica y abrir la posibilidad de relacionarnos con ella de otra manera.

Ocupar nuestro lugar

Una constelación no cambia a nuestra pareja ni garantiza que una relación continúe.

Puede ayudarnos a reconocer qué estamos llevando al vínculo, qué esperamos del otro y qué lugar ocupamos cuando sentimos miedo, culpa o amenaza.

A veces el movimiento consiste en dejar de salvar.

Otras veces, en permitirnos recibir.

En mirar al otro como realmente es, no como necesitamos que sea.

En aceptar una separación.

En recuperar una parte de nosotros que habíamos dejado fuera para poder pertenecer.

En comprender que podemos amar sin hacernos responsables de todo.

Cuando empezamos a diferenciar lo propio de aquello que pertenece a otras personas o a otros momentos de nuestra historia, aparece una mayor libertad.

No para relacionarnos sin dificultades, sino para hacerlo con más conciencia.

Quizá por eso, ante una dinámica que se repite, podemos preguntarnos:

¿Estoy respondiendo únicamente a lo que sucede en esta relación o también a algo de mi historia que vuelve a ponerse en movimiento?

Si deseas explorar una dinámica relacional, familiar o personal, podemos valorar conjuntamente si el trabajo con constelaciones puede ayudarte a comprender lo que está ocurriendo y a encontrar una posición diferente.

Realizo acompañamiento presencial en Castellar del Vallès, en Viasanna; en Sabadell, en Centre Vitae; y en Granollers, en Espaipertu. También puedes solicitar una primera entrevista informativa gratuita para conocerme y valorar si mi manera de trabajar encaja contigo.

Anna Samsó

Terapeuta humanista

Acompaño procesos desde la terapia Gestalt, la mirada sistémica y el trabajo con trauma, con una presencia cercana, respetuosa y comprometida.

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