
Vivimos en una sociedad que parece tener miedo al vacío.
Esperamos unos minutos y sacamos el móvil. Hacemos una cola y buscamos algo que mirar. Terminamos una tarea y enseguida llenamos el siguiente espacio con otra actividad.
Nos hemos acostumbrado a estar permanentemente ocupados.
Sin darnos cuenta, hemos dejado de convivir con esos momentos en los que aparentemente no pasa nada.
Y quizá por eso hemos olvidado el valor de aburrirse.
Cuando no pasa nada… también está pasando algo
Durante mucho tiempo el aburrimiento ha tenido mala fama.
Lo asociamos a perder el tiempo, a no ser productivos o a no saber qué hacer.
Sin embargo, cuando dejamos de responder constantemente a estímulos externos, empieza a aparecer un espacio diferente.
Es un tiempo en el que la mente puede descansar, el cuerpo baja el ritmo y surgen pensamientos, emociones o ideas que normalmente quedan ocultos bajo el ruido del día a día.
Quizá el aburrimiento no sea un problema.
Quizá sea una puerta hacia nosotros mismos.
Los niños nos enseñan algo importante
Hace no tantos años era habitual que los niños pasaran largos ratos sin actividades organizadas.
Se aburrían.
Y, precisamente desde ese aburrimiento, inventaban juegos, construían mundos imaginarios, exploraban, observaban y desarrollaban su creatividad.
Hoy esos espacios son cada vez más escasos.
Cuando aparece el más mínimo atisbo de aburrimiento solemos ofrecer una pantalla, una actividad o un nuevo estímulo.
Sin querer, transmitimos la idea de que cada instante debe estar ocupado.
Pero la imaginación, la creatividad e incluso la capacidad de reflexionar necesitan espacios vacíos para desarrollarse.
Y los adultos tampoco hemos dejado de necesitarlos.
Nuestro sistema nervioso también necesita pausas
Nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso no están preparados para recibir información de forma continua.
Cada conversación, cada notificación, cada vídeo y cada tarea requieren energía.
Cuando enlazamos un estímulo con otro sin descanso, dejamos muy poco espacio para integrar lo que vivimos.
Por eso, a veces creemos que necesitamos unas vacaciones.
Y, sin embargo, quizá lo que necesitamos son cinco minutos sin hacer absolutamente nada.
No para desconectar de nosotros mismos, sino precisamente para volver a encontrarnos.
La teoría polivagal, desarrollada por Stephen Porges, nos ayuda a comprender que nuestro sistema nervioso necesita alternar momentos de actividad con espacios de seguridad y descanso para recuperar el equilibrio. Comprender cómo funciona nuestro organismo nos recuerda que bajar el ritmo no es una pérdida de tiempo, sino una necesidad profundamente humana.
Si te interesa profundizar en esta perspectiva, puedes consultar el artículo de Wikipedia sobre la teoría polivagal.
Recuperar el placer de no hacer nada
No se trata de vivir sin responsabilidades ni de dejar de hacer cosas importantes.
Se trata de recuperar pequeños momentos en los que no exista un objetivo concreto.
Sentarse en un banco.
Mirar el mar.
Esperar sin sacar el teléfono del bolsillo.
Tomar un café sin hacer otra cosa al mismo tiempo.
Observar cómo se mueve un árbol con el viento.
Son gestos sencillos que pueden parecer insignificantes, pero que ayudan a nuestro sistema nervioso a recuperar un ritmo más humano.
A veces pensamos que para sentirnos mejor necesitamos hacer más.
Y quizá, en algunas ocasiones, lo que realmente necesitamos es hacer menos.
Una invitación a recuperar el valor de aburrirse
Quizá el aburrimiento no sea el enemigo que pensamos.
Quizá sea uno de los pocos lugares donde todavía existe espacio para escucharnos.
Porque cuando dejamos de llenar cada minuto, empezamos a notar cómo estamos realmente.
Y, a veces, eso es exactamente lo que necesitamos.
Si este artículo ha resonado contigo…
Tal vez hace tiempo que no recuerdas cómo es estar unos minutos sin hacer nada, sin producir, sin consumir información y sin responder a nadie.
Quizá puedas regalarte hoy un pequeño espacio vacío.
No para ser más productivo después.
Simplemente para volver a ti.
Si sientes que has perdido el contacto con tus necesidades o que te cuesta bajar el ritmo, estaré encantada de acompañarte.
Realizo acompañamiento terapéutico presencial en Castellar del Vallès, Sabadell y Granollers, además de sesiones online.
Una pregunta para ti

Anna Samsó
Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.
Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

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