
Llegamos a esta época del año con sensaciones muy diversas. Para algunas personas, el verano representa descanso e ilusión. Para otras, supone cambios en las rutinas, más responsabilidades familiares o una sensación de cansancio acumulado después de muchos meses sosteniendo el ritmo cotidiano.
A medida que se acercan las vacaciones, es frecuente escuchar frases como: «Necesito parar», «Estoy agotada» o «No puedo más». Sin embargo, aunque anhelamos descansar, no siempre sabemos cómo hacerlo.
Vivimos en una sociedad que valora la actividad constante. Parece que siempre hay algo pendiente, algo por resolver o algo que aprovechar. En medio de este ritmo, detenernos puede resultar más difícil de lo que imaginamos.
¿Descansar es lo mismo que desconectar?
A menudo confundimos descanso con distracción.
Podemos pasar horas viendo una serie, consultando el móvil o manteniendo la mente ocupada de distintas maneras y, aun así, seguir sintiéndonos cansados.
El descanso verdadero tiene más que ver con aflojar la tensión, recuperar energía y permitir que nuestro organismo salga, aunque sea por momentos, del estado de alerta en el que tantas veces vive.
No siempre necesitamos hacer más para sentirnos mejor.
A veces necesitamos hacer menos.
Necesitamos parar.
Cuando el cuerpo aprovecha para hablar
Muchas personas descubren durante las vacaciones que están más cansadas de lo que pensaban.
Mientras mantenemos el ritmo habitual, el cuerpo suele adaptarse y seguir adelante. Pero cuando aparece un espacio de pausa, comienzan a hacerse visibles señales que quizá habían quedado en segundo plano.
Puede surgir la necesidad de dormir más horas, pequeñas molestias físicas, emociones contenidas o simplemente un profundo deseo de silencio.
Lejos de ser un problema, esto forma parte de un proceso natural.
Es como si el cuerpo dijera:
«Ahora que has dejado de correr, puedo mostrarte cómo estoy realmente.»
Quizás por eso el descanso no siempre resulta cómodo. A veces nos pone en contacto con aspectos de nosotros mismos que llevaban tiempo esperando ser escuchados.
El descanso también forma parte del camino
En ocasiones pensamos que crecer consiste en avanzar continuamente, comprender más, sanar más o transformarnos más rápido.
Sin embargo, la vida tiene sus propios ritmos.
La naturaleza alterna momentos de expansión con momentos de reposo. Hay estaciones para crecer, para recoger frutos y también para descansar.
Las personas no somos diferentes.
El descanso no es una pérdida de tiempo ni un premio que debamos ganarnos después de haber cumplido con todas nuestras obligaciones. Es una necesidad humana.
Quizás una parte importante del desarrollo personal consista también en aprender a respetar nuestros límites y escuchar cuándo necesitamos una pausa.
Tal vez descansar no sea alejarnos del camino.
Tal vez, en algunos momentos, sea precisamente el camino.
Reflexión final
Vivimos en una cultura que nos invita constantemente a movernos, producir y aprovechar el tiempo. Sin embargo, el cuerpo y la vida siguen otros ritmos.
Quizás este verano no necesitemos hacer grandes cambios ni encontrar respuestas para todo.
Quizás podamos empezar por algo más sencillo.
Detenernos unos momentos.
Respirar.
Escucharnos.
Y recordar que descansar no significa dejar de vivir.
A veces, descansar es precisamente una forma de volver a la vida.
Si estás atravesando un momento de cansancio, estrés o necesidad de reconectar contigo, acompaño procesos de desarrollo personal desde una mirada humanista y Gestalt, de forma presencial en Castellar del Vallès, Granollers y Sabadell, así como en modalidad online.
Una pregunta para ti
¿Cuánto tiempo hace que no te permites descansar de verdad, sin sentir que deberías estar haciendo otra cosa?

Anna Samsó
Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.
Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

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