Proceso terapéutico desde la terapia Gestalt con atención al cuerpo y las emociones.

EL CUERPO

TAMBIÉN HABLA

UNA MIRADA GESTALT DEL PROCESO TERAPÉUTICO

Durante mucho tiempo hemos aprendido a comprendernos principalmente desde la mente.

Pensamos lo que nos ocurre. Lo analizamos.
Intentamos entender por qué nos sentimos así o qué deberíamos hacer para cambiarlo.

Y aunque todo eso puede ser útil, muchas veces no es suficiente.

Porque hay experiencias que no viven solo en el pensamiento.
También viven en el cuerpo.

A veces alguien puede decir: “sé que no debería afectarme tanto”
y, sin embargo, sentir el pecho cerrado, la mandíbula tensa o el cuerpo en alerta.

O entender perfectamente una situación… y aun así seguir reaccionando de la misma manera.

Ahí es donde la mirada se amplía.

Más allá de lo mental

Cuando nos enfocamos únicamente en lo mental, muchas veces ponemos la atención en lo conductual: qué hago, qué debería cambiar, cómo tendría que reaccionar.

Pero cuando ampliamos la mirada hacia lo emocional y corporal, empezamos a reconocer algo más profundo: cómo estoy viviendo eso dentro de mí.

El cuerpo no es solo algo que acompaña lo que sentimos.
El cuerpo participa. Expresa. Responde. Recuerda.

Muchas veces el cuerpo muestra antes lo que la mente todavía no ha podido comprender del todo.

Cuando el cuerpo empieza a hablar

Y eso puede aparecer de formas muy distintas:
· Tensión constante
· Dificultad para respirar profundamente
· Sensación de nudo en el estómago
· Agotamiento emocional
· Bloqueo
· Hipervigilancia en las relaciones
· Dificultad para relajarse
· Sensación de estar siempre sosteniendo algo

En algunos casos, incluso cuando aparentemente “todo está bien”, el cuerpo sigue funcionando como si hubiera peligro.

El cuerpo y la historia emocional

A lo largo de la vida vamos desarrollando maneras de protegernos, adaptarnos y sostener determinadas experiencias.

Muchas veces aprendemos a:
· contener emociones
· callar lo que sentimos
· permanecer atentos al otro para mantener el vínculo

Y aunque eso pueda habernos ayudado en algún momento, el cuerpo muchas veces continúa sosteniendo esa tensión incluso años después.

Por eso, en terapia, no solo observamos lo que la persona piensa, sino también cómo lo vive corporalmente.

Porque el cuerpo aporta una información muy valiosa.

A veces una emoción aparece primero:
· En la garganta
· En el pecho
· En una respiración que se corta
· En una postura corporal que se endurece sin darnos cuenta

Y cuando podemos empezar a reconocer eso con más conciencia, algo también empieza a moverse.

La ansiedad relacional y el cuerpo

Hay personas que viven el vínculo desde un estado de alerta casi constante.

Pendientes de:
· Cómo está el otro
· Si hay distancia
· Si han hecho algo mal
· Si serán rechazadas o abandonadas

Y aunque muchas veces esto se intenta comprender únicamente desde la cabeza, el cuerpo ya está reaccionando mucho antes.

El sistema nervioso se activa.
El cuerpo anticipa.
Se prepara para protegerse.

En algunos casos aparece dificultad para descansar dentro de la relación.
Como si hubiera que estar siempre atentos, sosteniendo, adaptándose o intentando no perder el vínculo.

Esto puede generar:
· Mucho cansancio emocional
· Desconexión de las propias necesidades
· Dificultad para sentir calma dentro del vínculo

La Terapia Gestalt: una mirada más amplia

La terapia Gestalt no trabaja únicamente desde la explicación racional de lo que ocurre.

También presta atención a:
· Lo que sentimos
· Cómo lo expresamos
· Qué ocurre en el cuerpo
· Cómo nos vinculamos
· Qué sucede en el momento presente

No se trata solo de entender algo intelectualmente.

Muchas veces la transformación aparece cuando podemos vivir una experiencia diferente: más consciente, más conectada y más presente.

A veces una persona comprende algo desde hace años…
pero no ha podido sentirlo realmente.
O no ha podido darse cuenta de cómo lo sostiene corporalmente.

Por eso, en el proceso terapéutico, el cuerpo no es algo secundario.
Forma parte del proceso de escucha y de conciencia.

Un espacio para escucharte de otra manera

En ocasiones vivimos tan acostumbrados a funcionar desde:
· La exigencia
· La rapidez
· El control mental

…que dejamos de percibir cómo estamos realmente.

El cuerpo entonces empieza a hablar:
· A través del cansancio
· De la tensión
· Del bloqueo
· De la dificultad para descansar
· O de una sensación interna difícil de explicar

Y quizá no se trate solo de “gestionar” eso que sentimos.
Quizá primero necesitemos escucharlo.

Con más presencia.
Con más atención.
Con menos juicio.

Porque cuando ampliamos la mirada más allá de lo mental, empiezan a aparecer aspectos de nosotros mismos que antes quedaban fuera de la conciencia.

Y desde ahí, poco a poco, puede abrirse una forma más auténtica de estar con uno mismo y con los demás.

Temas que podemos abordar desde la terapia Gestalt

La terapia Gestalt puede acompañar procesos relacionados con:
· Dificultad para poner límites
· Ansiedad relacional
· Bloqueo emocional
· Autoabandono en las relaciones
· Necesidad constante de validación
· Desconexión emocional o corporal
· Dificultad para expresar lo que sentimos
· Relaciones que generan sufrimiento
· Sensación de vacío
· Tensión corporal constante
· Exceso de adaptación al otro
· Agotamiento emocional
· Repetición de patrones vinculares

A veces pasamos mucho tiempo intentando comprendernos desde la mente, buscando explicaciones, respuestas o soluciones para aquello que nos ocurre.

Sin embargo, hay experiencias que no siempre pueden entenderse únicamente desde el pensamiento. El cuerpo guarda información, expresa emociones y nos muestra aspectos de nosotros mismos que a menudo quedan fuera de nuestra conciencia. Aprender a escucharlo puede convertirse en una forma diferente de acercarnos a quienes somos y a cómo vivimos nuestras relaciones.

¿Qué te está diciendo hoy tu cuerpo? ¿Hay algo que quizá necesita ser escuchado con más atención, presencia y amabilidad?

Te leo.

Anna Samsó

Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.

Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

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