
A veces olvidamos algo muy sencillo: seguimos siendo mamíferos.
Vivimos en una sociedad que nos invita a correr, producir y estar disponibles casi todo el tiempo. Aprendemos a organizarnos, a cumplir objetivos y a resolver problemas. Sin darnos cuenta, acabamos intentando funcionar como si fuéramos máquinas capaces de rendir siempre igual.
Y quizá hemos construido una forma de vivir que, demasiadas veces, olvida esa realidad.
Puede parecer una idea muy simple, pero quizá sea una de las verdades que más necesitamos recordar.
Nuestro cuerpo sigue siendo el mismo
La forma de vivir ha cambiado enormemente en muy poco tiempo. Pasamos muchas horas sentados, dormimos menos, vivimos rodeados de pantallas y recibimos una cantidad de estímulos que ninguna generación anterior había experimentado.
Nuestro entorno ha cambiado a una velocidad vertiginosa, pero nuestro cuerpo no.
Nuestro sistema nervioso sigue necesitando aquello que siempre ha necesitado: seguridad, descanso, movimiento, contacto con la naturaleza y relaciones donde podamos sentirnos protegidos.
Cuando olvidamos estas necesidades, el cuerpo suele encontrar la manera de recordárnoslo.
A veces aparece el cansancio. Otras veces la ansiedad, el insomnio o esa sensación de vivir permanentemente acelerados, como si nunca pudiéramos bajar la guardia.
No porque nuestro cuerpo esté funcionando mal, sino porque está intentando decirnos algo.
Necesitamos el vínculo para sentirnos seguros
Los mamíferos no solo sobreviven gracias al alimento. Necesitan sentirse seguros para poder explorar el mundo.
Desde que nacemos aprendemos a regularnos a través de la presencia de otras personas. La calma de un bebé no depende únicamente de que sus necesidades físicas estén cubiertas; depende también de sentirse sostenido, mirado y protegido.
Aunque nos hagamos adultos, esa necesidad no desaparece.
Seguimos necesitando vínculos donde podamos sentirnos aceptados, comprendidos y seguros. Lugares donde no tengamos que defendernos constantemente ni demostrar nuestro valor para merecer pertenecer.
Porque, antes que individuos completamente independientes, somos seres profundamente relacionales.
El cuerpo siempre intenta cuidarnos
Muchas veces respondemos al cansancio exigiéndonos un poco más.
Intentamos compensar la ansiedad con más control, la tristeza con más actividad o la desconexión llenando cada espacio de nuestra agenda.
Pero el cuerpo suele pedir otra cosa. No intenta fastidiarnos. Intenta protegernos.
Quizá necesita descansar.
Quizá necesita caminar sin mirar el reloj.
Quizá necesita silencio.
Quizá necesita llorar.
Quizá necesita abrazar o dejarse abrazar.
Quizá simplemente necesita sentirse seguro.
Escuchar esas necesidades no significa volvernos más frágiles. Al contrario. Significa reconocer que nuestro cuerpo lleva toda la vida intentando protegernos.
Volver a lo esencial
Recordar que somos mamíferos no significa renunciar a la tecnología, al trabajo o a nuestras responsabilidades.
Significa reconocer que, debajo de todos los papeles que desempeñamos, sigue existiendo un organismo vivo con unas necesidades muy básicas.
Antes que profesionales.
Antes que madres o padres.
Antes que terapeutas.
Antes que cualquier otro rol.
Somos seres vivos.
Y quizá una parte importante del bienestar consista en dejar de tratarnos como máquinas y empezar a relacionarnos con nosotros mismos con un poco más de respeto por nuestra propia naturaleza.
Reflexión final
Tal vez no necesitamos hacer cada vez más cosas.
Tal vez necesitamos recordar aquello que nunca dejamos de ser.
Somos mamíferos.
Nuestro cuerpo no nos pide perfección. Nos pide descanso cuando está cansado, movimiento cuando permanece inmóvil demasiado tiempo, contacto cuando nos sentimos solos y seguridad cuando percibe peligro.
Quizá escuchar esas necesidades no sea un signo de debilidad, sino una de las formas más profundas de cuidar de nosotros mismos.
Para profundizar
Si te interesa comprender mejor cómo nuestro sistema nervioso responde a la seguridad, el vínculo y el estrés, puedes conocer la teoría polivagal, desarrollada por Stephen Porges, que ha contribuido a ampliar nuestra comprensión sobre el funcionamiento del sistema nervioso, la regulación emocional y las relaciones humanas.
Si este artículo ha resonado contigo…
Tal vez llevas demasiado tiempo intentando sostener un ritmo que ya no encaja con lo que necesitas.
Quizá tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte algo y todavía no has podido detenerte a escucharlo.
Si sientes que ha llegado el momento de comprender mejor lo que tu cuerpo intenta expresar y construir una relación más amable contigo mismo, estaré encantada de acompañarte.
Realizo acompañamiento terapéutico presencial en Castellar del Vallès, Sabadell y Granollers, además de sesiones online.
Una pregunta para ti
¿Qué necesita hoy tu cuerpo para recordar que sigue siendo un ser vivo y no una máquina?

Anna Samsó
Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.
Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

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