Últimamente me doy cuenta de algo con bastante claridad.

Cuando me voy demasiado hacia fuera, algo en mí empieza a dispersarse.

Mi atención se va al vínculo, al otro, a lo que ocurre fuera de mí. Y casi sin darme cuenta, dejo de sentir ciertas cosas:
qué necesito,
cómo estoy,
qué me pasa realmente.

Entonces el cuerpo empieza a tensarse.
A activarse.
A sostener demasiado.

Y quizás a ti también te ocurre.

Quizás reconoces ese momento en el que, poco a poco, empiezas a estar más pendiente de lo que sucede fuera que de lo que está ocurriendo dentro de ti.

El cuerpo en el vínculo

Durante mucho tiempo pensé que todo esto tenía más que ver con la mente o con la forma de relacionarme.

Pero cada vez siento más claramente que el cuerpo participa profundamente en todo esto.

El cuerpo sabe cuándo me estoy alejando de mí.
Lo noto en la respiración.
En el pecho.
En la tensión.
En la dificultad para relajarme.

A veces incluso antes de entender mentalmente qué me está pasando, el cuerpo ya lo está expresando.

Y quizás tú también reconoces algo de esto:
ese momento en el que empiezas a sostener demasiado,
a adaptarte,
a estar pendiente,
a tensarte sin darte cuenta.

Irse demasiado hacia fuera

Hay personas que aprendimos muy pronto a estar atentas al vínculo.

A percibir cambios de tono.
Estados emocionales.
Distancias.
Silencios.

Como si una parte del cuerpo estuviera constantemente observando para asegurarse de que todo sigue bien.

Y aunque esto muchas veces se vive como sensibilidad o capacidad de cuidar, también puede generar mucho cansancio.

Porque llega un momento en el que el cuerpo ya no descansa.

Y ahí algo empieza a agotarse.

Cuando necesito volver hacia dentro

También me doy cuenta de otro movimiento.

Cuando siento que me he ido demasiado hacia fuera, aparece una necesidad muy profunda de volver hacia dentro.

Necesito silencio.
Espacio.
Distancia.
Menos estímulo.
Menos ruido.

Como si el cuerpo necesitara recogerse para volver a encontrarse.

Y quizás tú también conoces ese lugar.
Ese momento en el que necesitas retirarte un poco para volver a sentirte.

Pero a veces aquí aparece otra dificultad.

Porque el movimiento hacia dentro también puede convertirse en desconexión.

Como si solo pudiéramos estar en calma lejos del vínculo.

Entre vínculo y autonomía

Con el tiempo siento que el verdadero aprendizaje no está en elegir entre vínculo o autonomía.

No se trata de cerrarnos para sentirnos seguros.
Ni de vivir completamente orientados hacia el otro.

Quizá el movimiento más profundo tiene que ver con poder sostener ambas cosas al mismo tiempo.

Poder estar con el otro… sin dejar de habitarnos.

Y ahí el cuerpo vuelve a ser importante.

Porque muchas veces la autonomía no es una idea mental.
Es algo corporal.

Tiene que ver con:
· sentir el propio eje
· respirar
· notar cuándo me tenso
· reconocer cuándo me estoy perdiendo
· poder volver a mí sin necesidad de aislarme

Las polaridades y el cuerpo

Desde la Terapia Gestalt hablamos de polaridades.

Acercarnos y alejarnos.
Necesitar y diferenciarnos.
Sostener y soltar.
Vínculo y autonomía.

Y muchas veces sufrimos porque sentimos que tenemos que elegir uno de los polos.

Pero integrar no significa quedarse en un punto perfecto o equilibrado todo el tiempo.

Significa desarrollar capacidad de movimiento.

Poder acercarnos sin desaparecer.
Y alejarnos sin romper el vínculo.

Poder necesitar al otro sin perder completamente el contacto con nosotros mismos.

El sistema nervioso también busca seguridad

A veces buscamos respuestas únicamente desde lo psicológico:
“me cuesta poner límites”
“me cierro”
“me adapto demasiado”
“necesito mucho espacio”

Pero el sistema nervioso también organiza muchas de estas respuestas.

Cuando el cuerpo siente amenaza en el vínculo, puede reaccionar:
· entrando en alerta
· complaciendo
· adaptándose
· controlando
· desconectándose
· alejándose emocionalmente

Muchas veces no es algo consciente.

El cuerpo hace lo que aprendió que necesitaba para sostener el vínculo y sentirse seguro.

Lo sanador no es solo entenderlo

Y aquí hay algo que para mí cada vez tiene más sentido.

Muchas personas entendemos perfectamente nuestros patrones.

Sabemos de dónde vienen.
Comprendemos nuestras heridas.
Podemos incluso explicarlo muy bien.

Pero comprender no siempre transforma.

Porque el cuerpo necesita vivir algo distinto.

Necesita experiencias nuevas.

Poder expresar algo y seguir en vínculo.
Poner un límite y no sentir que perderemos el amor.
Necesitar espacio sin sentir culpa.
Mostrar vulnerabilidad y sentirnos sostenidos.

Ahí aparece algo profundamente reparador.

Porque el cuerpo empieza a descubrir que quizá ya no necesita vivir las relaciones desde la tensión constante.

Aprender a volver al cuerpo

Quizá parte del proceso tenga que ver con esto:
aprender a volver al cuerpo una y otra vez.

Volver a sentirnos.
A reconocernos.
A escuchar cuándo algo se tensa, se activa o se desconecta.

Y desde ahí, poco a poco, empezar a habitar una forma distinta de relacionarnos.

Más presente.
Más consciente.
Más integrada.

Poder estar en vínculo…
sin dejar de estar con nosotros mismos.

A veces, el camino hacia relaciones más libres no consiste en aprender algo nuevo, sino en reconocer los mecanismos que un día nos ayudaron a sobrevivir y que hoy quizá ya no necesitamos de la misma manera.

Cuando comprendemos cómo nuestra historia, nuestras experiencias tempranas y cómo las heridas que hemos vivido han influido en nuestra forma de vincularnos, se abre la posibilidad de relacionarnos con más conciencia, presencia y libertad.

¿Qué lugar ocupa hoy la autonomía en tus relaciones? ¿Qué necesitarías hoy para acercarte al otro sin perderte de ti?

Anna Samsó

Terapeuta Gestalt y facilitadora de procesos de desarrollo personal.

Acompaño a personas en sus procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y desarrollo, integrando la mirada gestáltica, sistémica y una comprensión sensible del impacto del trauma en nuestras vidas y relaciones.

Conóceme

Deja un comentario

Descubre más desde Anna Samsó

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo