
Vivimos con la idea de que nacemos una vez y morimos una vez. Sin embargo, si observamos nuestra vida con atención, descubrimos que estamos atravesando continuamente pequeños finales y nuevos comienzos.
Hay etapas que se cierran, relaciones que se transforman, proyectos que pierden sentido y otros que empiezan a ilusionarnos. También cambian nuestras prioridades, nuestra manera de mirar el mundo y aquello que necesitamos para sentirnos bien.
La vida está en movimiento. Y nosotros también.
Crecer también implica dejar atrás
Cuando pensamos en crecimiento solemos imaginar todo aquello que incorporamos: experiencia, recursos, seguridad, conocimiento.
Pero crecer también implica desprendernos.
De determinadas creencias. De formas de relacionarnos que ya no nos sirven. De maneras de protegernos que quizá fueron necesarias en otro momento, pero que ahora empiezan a limitarnos.
Y no siempre resulta fácil.
Podemos saber racionalmente que algo ha terminado y continuar aferrándonos a ello durante mucho tiempo. O puede suceder justo lo contrario: todavía no sabemos qué está cambiando, pero nuestro cuerpo ya empieza a mostrárnoslo.
Quizá aquello que antes hacíamos con naturalidad ahora nos exige un esfuerzo enorme. Nos cuesta levantarnos para ir a un lugar al que antes acudíamos con ganas, una relación empieza a generarnos tensión, necesitamos recuperarnos después de determinadas situaciones o aparece un cansancio que no sabemos explicar. Seguimos haciendo lo mismo, pero ya no lo vivimos de la misma manera.
A veces todavía no tenemos palabras para comprender lo que nos sucede, pero el cuerpo percibe el cambio antes de que podamos nombrarlo.
Y quizá ahí comienza también el proceso de renovación: no necesariamente tomando una decisión inmediata, sino escuchando qué está cambiando en nosotros y dando espacio a aquello que empieza a pedir una forma diferente de vivir.
En terapia también asistimos a pequeños nacimientos
En los procesos terapéuticos rara vez hay un momento concreto en el que podamos decir: aquí cambió todo.
La transformación suele ser mucho más sutil.
Un día alguien descubre que ha podido decir que no sin sentirse culpable. Que ha expresado lo que necesitaba. Que ha pedido ayuda. Que una situación que antes le desbordaba ya no le afecta de la misma manera.
Tal vez su vida exterior apenas haya cambiado, pero algo en su manera de habitarla ya es diferente.
Y ahí hay también una pequeña despedida y un pequeño nacimiento.
No siempre necesitamos cambiar de vida
Crecer no significa necesariamente cambiar de pareja, dejar el trabajo, alejarnos de nuestros amigos o empezar de nuevo en otro lugar.
En ocasiones será necesario tomar decisiones importantes, por supuesto.
Pero muchas otras veces la transformación ocurre en la manera en la que nos relacionamos con aquello que ya forma parte de nuestra vida.
Podemos seguir con la misma pareja y aprender a relacionarnos desde un lugar diferente. Continuar en el mismo trabajo y empezar a poner límites. Mantener nuestras amistades y permitirnos mostrarnos con mayor autenticidad.
No siempre necesitamos otra vida.
A veces necesitamos aprender a vivir de otra manera la vida que ya tenemos.
Renovarnos no significa convertirnos en otra persona
Quizá una de las ideas que más me interesan del crecimiento personal sea precisamente esta.
No necesitamos convertirnos en alguien diferente.
A lo largo de la vida vamos reconociendo qué sigue teniendo sentido y qué podemos empezar a soltar: expectativas, mandatos, miedos, viejas formas de protegernos o identidades en las que ya no terminamos de reconocernos.
No desaparece quien fuimos. Forma parte de nuestra historia y nos ha traído hasta aquí.
Pero podemos permitirnos seguir evolucionando.
La naturaleza lo hace continuamente. Las estaciones cambian, los árboles pierden sus hojas, el cuerpo renueva sus células. Nada vivo permanece exactamente igual.
Nosotros tampoco.
Reflexión final
Quizá nacemos y morimos muchas más veces de las que imaginamos.
Algo termina cada vez que dejamos atrás una forma de vivir que ya no nos representa. Y algo nace cuando empezamos a relacionarnos con nosotros mismos, con los demás o con el mundo desde un lugar diferente.
No significa empezar de cero.
Significa continuar.
Con nuestra historia, con lo aprendido y también con aquello que decidimos dejar atrás.
La vida cambia. Nosotros cambiamos con ella. Y eso es, precisamente, la vida.
Si este artículo ha resonado contigo…
Quizá estés atravesando uno de esos momentos en los que algo está cambiando y todavía no sabes muy bien hacia dónde te lleva.
Un proceso terapéutico puede ofrecer un espacio para escuchar ese movimiento, comprender lo que está ocurriendo y acompañarlo respetando tu propio ritmo.
Si sientes que estás en ese momento, estaré encantada de acompañarte.
Realizo acompañamiento terapéutico presencial en Castellar del Vallès, Sabadell y Granollers, además de sesiones online.
Una pregunta para ti
¿Hay algo en tu vida que sientes que está terminando? ¿Y qué empieza, quizá todavía tímidamente, a querer nacer?

Anna Samsó
Terapeuta humanista
Acompaño procesos desde la terapia Gestalt, la mirada sistémica y el trabajo con trauma, con una presencia cercana, respetuosa y comprometida.

Deja una respuesta