Imagen de portada del artículo Crecer en relación: la importancia del vínculo.

CRECER EN RELACIÓN

LA IMPORTANCIA DEL VÍNCULO

No nos construimos solos.

Desde que llegamos al mundo, necesitamos del otro para existir, para reconocernos, para comprender quiénes somos. No es solo una cuestión de compañía, es algo más profundo: es en el vínculo donde empezamos a formarnos.

A través de la relación aprendemos a sentirnos, a mirarnos, a darnos un lugar. Es en ese primer contacto donde empezamos a percibir si somos bienvenidos, si hay espacio para nosotros, si podemos ser tal y como somos o si, por el contrario, necesitamos adaptarnos para sostener el vínculo.

Sin darnos cuenta, esas primeras experiencias van dejando huella.


El vínculo en el origen

En la infancia, el vínculo no es opcional.

Dependemos del otro para sobrevivir, pero también para construirnos emocionalmente. La forma en que somos mirados, escuchados o sostenidos influye profundamente en cómo nos percibimos a nosotros mismos y en cómo nos relacionaremos más adelante.

A veces, el vínculo es un lugar de seguridad, de reconocimiento y de cuidado.

Otras veces, es un espacio donde aprendemos a callar, a protegernos, a adaptarnos o a alejarnos.

Y todo eso, de una forma u otra, se queda dentro.


Cómo se expresa en nuestras relaciones

Con el tiempo, esas formas de vincularnos se trasladan a nuestra vida adulta.

Sin darnos cuenta, repetimos maneras de estar en relación que en algún momento tuvieron sentido. Buscamos lo conocido, incluso cuando nos hace sufrir. Nos acercamos o nos alejamos, nos mostramos o nos protegemos, ponemos límites o los evitamos… muchas veces desde un lugar que no es del todo consciente.

Esto conecta con lo que comparto en «Las partes que viven en nosotros», donde diferentes aspectos internos influyen en cómo sentimos y actuamos en relación.

En la relación aparecen nuestras necesidades, pero también nuestros miedos.

Aparece el deseo de ser vistos, de ser aceptados, de ser queridos… y también el miedo a no serlo.

Por eso, las relaciones no solo son un espacio de encuentro con el otro, sino también un lugar donde nos encontramos con nosotros mismos.


La relación como espacio de conflicto y crecimiento

Muchas veces pensamos que el malestar está fuera: en la otra persona, en lo que hace o deja de hacer, en cómo se comporta o en lo que esperamos de ella.

Y aunque todo eso forma parte de la realidad, hay algo más que también está ocurriendo.

En cada relación se activan partes internas, emociones, historias y formas de sentir que tienen que ver con nuestro propio recorrido. Lo que vivimos en el presente no siempre empieza en el presente.

Ahí es donde la relación puede convertirse en un espacio de conflicto… pero también en un espacio de crecimiento.

Como también comparto en «Cuando sostener un límite también incomoda«, muchas veces no es solo lo que ocurre fuera, sino lo que somos capaces de sostener dentro de nosotros en relación con el otro.


Aprender a estar en relación

Aprender a vincularnos no significa hacerlo perfecto.

No se trata de evitar el conflicto, ni de encontrar relaciones ideales donde todo fluya sin dificultad.

Se trata, más bien, de poder estar en relación con mayor conciencia.

De reconocer qué se mueve en nosotros cuando estamos con el otro. De poder ver cuándo nos estamos protegiendo, cuándo nos estamos perdiendo, cuándo nos estamos sosteniendo o cuándo estamos evitando algo que nos incomoda.

Y poco a poco, ir encontrando una forma más auténtica de estar.


El vínculo terapéutico como espacio de transformación

En este camino, el vínculo terapéutico tiene un lugar especial.

Porque ofrece un lugar diferente.

Un lugar donde poder parar, observar lo que ocurre, poner palabras a lo que sentimos y empezar a comprender cómo nos relacionamos.

En ese encuentro, no solo hablamos de lo que ocurre fuera, sino también de lo que se despliega en la relación misma: lo que aparece, lo que se repite, lo que cuesta, lo que se evita.

Es un espacio que se va creando poco a poco, como explico en «La importancia del primer encuentro«, donde lo esencial no es hacerlo bien, sino poder empezar a estar.

Acompaño estos procesos en Castellar del Vallès (Viasanna) y en Granollers (Espaipertu), así como en formato online, ofreciendo un espacio de presencia, respeto y cuidado donde poder explorar con mayor profundidad lo que estás viviendo.

Y desde ahí, poco a poco, se abre la posibilidad de vivir una experiencia distinta.

Una experiencia donde hay presencia, respeto y espacio para ser.


Una forma nueva de habitar el vínculo

Quizá no podamos cambiar cómo empezamos a vincularnos.

Pero sí podemos empezar a mirar cómo lo hacemos hoy.

Podemos darnos cuenta de qué necesitamos, de qué evitamos, de qué repetimos… y, desde ahí, abrir nuevas posibilidades.

Porque, al final, crecer no es alejarnos del vínculo.

Es aprender a habitarlo de una forma más consciente, más libre y más auténtica.

Y en ese proceso, algo dentro de nosotros también encuentra su lugar.


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Artículo escrito por Anna Samsó, terapeuta y acompañante en procesos desde una mirada gestáltica. Conóceme más en www.annasamso.com

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