Quiero ser honesta: a lo largo de mi vida, he sido ambigua y poco clara. A pesar de considerar que la transparencia y la claridad son fundamentales en cualquier relación, he descubierto que, en muchas ocasiones, yo misma no las he ejercido plenamente. No puedo pedir a la otra persona lo que yo no hago. No siempre he sabido expresar lo que sentía o necesitaba, y en muchos momentos, esa ambigüedad me protegía del miedo al rechazo, al conflicto o a la incomprensión. Fué a través de mi propio proceso de autoconocimiento que pude darme cuenta de ello. Comprendí que la falta de claridad suele ir de la mano del miedo y de la soledad. No ser transparente me resguarda de la posibilidad de ser juzgada, me permite evitar el conflicto, mantener una falsa armonía o incluso sostener vínculos que, en el fondo, me generan inseguridad. Sin embargo, este mecanismo, que aparentemente me protege, también me aísla, me aparta de mi esencia y me impide forjar relaciones auténticas.

Siempre he creido que la claridad y la transparencia son esenciales para construir relaciones genuinas y profundas. No importa si se trata de una relación de pareja, amistad, trabajo o un vínculo terapéutico: cuando me comunico con sinceridad, genero confianza y favorezco una conexión más significativa. No obstante, reconozco que ser clara no siempre es sencillo. A veces, la vaguedad refleja patrones aprendidos, estrategias de defensa desarrolladas en la infancia dentro de un entorno donde expresar los que sentía no era seguro ni bien recibido.

Claridad y transparencia en el acompañamiento terapéutico

En el ámbito terapéutico, la falta de claridad puede expresarse de muchas maneras: dificultad para manifestar necesidades, evitar abordar ciertos temas, emplear un lenguaje ambiguo o utilizar silencios como barreras. Como terapeuta, observo cómo estas dinámicas pueden ser reflejo de experiencias tempranas en las que la persona aprendió que su voz carecía de valor, que era más seguro callar o que la ambigüedad le permitía adaptarse a un entorno impredecible.

Desde la Gestalt, comprendo la importancia de estar presente y de mostrarme tal como soy en la relación terapéutica. No puedo invitar a la otra persona a ser clara si yo no lo soy. La transparencia no implica revelar todo, sino actuar con coherencia, verbalizando lo que ocurre en el aquí y el ahora. Cuando menciono lo que percibo en la sesión, cuando señalo una contradicción o cuando simplemente comparto mi sentir, ofrezco un modelo de comunicación sincera que puede inspirar a la otra persona a hacer lo mismo.

Desde la mirada sistémica, la claridad y la transparencia permiten romper patrones familiares de ocultamiento y silencio. En la mayoría de los casos, por no decir siempre, lo que no se dice pesa más que lo expresado. En el trabajo de constelaciones familiares, arrojar luz sobre lo que ha permanecido en la sombra genera movimiento y posibilita la sanación. Al hacerlo, la persona adquiere una nueva perspectiva sobre sí misma y sus relaciones, liberándose de dinámicas que ya no le son útiles.

Como dice Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares: «La verdad que se oculta pesa sobre el sistema, la verdad que se revela trae alivio y orden.» Esta frase nos recuerda que lo no expresado no desaparece, sino que se convierte en una carga que puede transmitirse de generación en generación hasta que alguien decide romper el patrón.

El poder de las palabras

Las palabras tienen un poder inmenso. No sólo son herramientas para transmitir información, sino que llevan consigo la capacidad de transformar realidades, sanar o causar heridas. Cuando hablamos con claridad, no solo estamos siendo transparentes, sino que también estamos abriendo la puerta a la comprensión mutua. Sin embargo, la claridad no significa ser duros o decir todo de manera directa sin medir el impacto de nuestras palabras. La forma, el respeto y el cuidado en la manera de expresarnos son esenciales para que la comunicación no sólo sea comprensible, sino también constructiva y empática. El poder de las palabras radica en la capacidad de ser sinceros sin perder de vista el bienestar del otro.

¿Qué sucede cuando aprendemos a ser claros y transparentes?

La claridad no es solo una cuestión de comunicación asertiva, sino de alinearnos con nuestra verdad. Cuando dejamos de escondernos detrás de respuestas vagas, ganamos presencia y solidez. Nos volvemos más auténticos, nuestras relaciones se vuelven más profundas y dejamos de vivir en la incertidumbre de lo no dicho.

La transparencia nos otorga libertad. Nos permite liberarnos de las máscaras, confiar en que lo que somos es suficiente y atraer vínculos donde podamos mostrarnos sin miedo. Aporta paz, porque nos evita la carga de interpretar, suponer o vivir con dudas sobre lo que la otra persona realmente quiere o siente.

Aprender a ser claros no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso de autoconocimiento, de explorar nuestros miedos y de reconectar con nuestra voz. Pero cuando damos el paso y comenzamos a hablar desde la verdad, algo cambia: nos sentimos menos solos, nos comprendemos mejor y nuestras relaciones se transforman.

Desde el acompañamiento que ofrezco, este es uno de los puntos más importantes a trabajar. Desde allí, todo se transforma. Cuando la persona encuentra su propia realidad y se atreve a expresarla, se abre la puerta a un cambio profundo y genuino.

La falta de claridad como un patrón de defensa aprendido

La ambigüedad, lejos de ser una característica innata, suele ser una respuesta inconsciente, una estrategia de protección ante situaciones de incertidumbre. Es un mecanismo de adaptación que, aunque inicialmente puede ofrecer seguridad, con el tiempo nos aleja de la autenticidad y crea un vacío emocional. La dificultad para ser claros y directos se convierte en un lastre que limita nuestra capacidad para concectar de manera plena con nosotros mismos y con los demás. Romper con este patrón es un paso esencial hacia la verdadera libertad y autenticidad, un camino que nos libera del sufrimiento generado por las dudas y el miedo al rechazo.

¿Cuánto espacio le das a la claridad en tu vida?. Te leo en los comentarios, me encantará saber cómo es para ti.


Artículo escrito por Anna Samsó, terapeuta y acompañante en procesos desde una mirada gestáltica. Conóceme más en annasamso.com